viernes, 15 de diciembre de 2017

LA OTRA CARA DEL USUARIO

Nicolas Ciares
"La rápida evolución de las tecnologías de la información y la comunicación que se ha dado en la última década nos ha brindado un nuevo mundo en el cual "entramos" con solo encender la computadora, desconectandonos del mundo real y adentrandonos a uno "irreal", mucho más seductor, el de las redes sociales"
Celina Morales, 2012
El siglo XXI ha ofrecido una infinidad de avances para todas las sociedades. Una de sus demostraciones fue el advenimiento de las tecnologías y su instalación en la vida de cada uno de nosotros, estableciendo un antes y un después en la configuración de nuestro modo de vivir, de convivir con los demás y de comunicarnos y relacionarnos los unos con los otros. La
llegada de los teléfonos celulares a inicios del 2000, el progreso del Internet dentro de una
plataforma web y el acrecentamiento de las primeras cámaras digitales fueron ejes centrales
que delimitaron el pasado con el presente, abriendo una nueva etapa en la evolución de la
humanidad. No obstante, el arribo de diversos sitios de Internet proclamó la entrada a la vida
de las personas de las denominadas redes sociales. A partir de entonces, las personas se
comunicaban a través de una pantalla y no por medio del contacto personal y físico, con que
hace unas décadas predominaba al momento de establecer determinados vínculos sociales. Es
por ello que las nuevas tecnologías y su desarrollo plantearon y proponen un nuevo paradigma
en lo que concierne a las formas de vincularse con los demás y de intercambiar sentidos de
forma digitalizada.
Las redes sociales son múltiples: en medio del auge de Internet en las diversas
plataformas web, a principios del 2003, emergieron los primeros sitios de encuentros y
portales, como MySpace, Friendster, Tribe, Xing, entre otras. Tales redes adquirieron
determinada relevancia de acuerdo a su crecimiento exponencial en lo que respecta a su
utilización como herramientas comunicacionales. El manejo de las mismas supone un
conocimiento cercano a los fines con que se lleva a cabo su aprovechamiento, es decir, el
simple hecho de relacionarse entre individuos o grupos sociales de diversos lugares. En
ciertos casos, una de las opciones que llegaron a las redes sociales fue la de creación de un
perfil, o sea, el conjunto de cualidades y de rasgos con que una persona se presenta ante los
demás, en esta circunstancia, en los medios digitales y ante otros usuarios, en pos de entablar relaciones sociales. Pero la incorporación de la manipulación de las opciones en la generación de una identidad digital se hizo realidad, identificando el nacimiento de una estrategia comunicativa que el individuo puede usar en el contexto del paradigma tecnológico actual. La generación de un perfil demuestra el facilitamiento de las redes en su meta de concretar diversas interrelaciones en un mundo digital, pero… ¿con qué finalidad los usuarios de las
distintas redes sociales, aplicaciones especializadas y sitios de encuentros llevan a cabo la
configuración de perfiles, diferentes de sus propias realidades? De tal manera, ¿se verían
perjudicados o beneficiados al crear perfiles que contengan datos falsos distantes de la
realidad misma? ¿Es válida cualquier manera de desarrollar la identidad personal dentro de un
mundo digital?
En concordancia con Pedro Almodovar (citado por Monzón, 2016:2), reconocido
director de cine español, no pierde la oportunidad de subrayar el valor de lo falso en la
construcción de una identidad. Por otra parte, de acuerdo con Andy Faerman, influencer y
bloguera argentina, en el marco de una entrevista con el portal musaargentina.com.ar (2017),
afirmó que “le damos una identidad propia construida a ese personaje virtual que pretendemos
ser. Somos el filtro de su construcción, decidiendo qué es apropiado mostrar y qué no lo es”.
Esta identidad es la que se puede trasladar dentro del ámbito de las redes sociales, ya que
sitios como Facebook y Tinder, este último como red de encuentro de amistad, pareja o sexo,
manejan funciones que son acordes a las utilidades de los distintos usuarios, en el marco que
posibilitan la creación de una cuenta, dando paso a la generación de un personaje virtual,
distinto de la realidad. Dichas redes, nos permiten generar una idea falsa de lo que realmente
somos, en pos de entablar vínculos sociales con otros individuos que, si se demuestra a partir
de la faceta más verosímil de la realidad del usuario, puede no llegar a tener el éxito buscado
en generar sociedad. “Se constituye como una estrategia meramente comunicativa, en la que
los sitios nos dan la oportunidad de que, si no estamos conformes con nosotros mismos,
podamos construir una faceta más interesante como usuarios.” (Morales, 2012:2). Por lo tanto, los perfiles se ofrecen al usuario para ser manipulados por él mismo, para realizar una
propia construcción en sí, en la manera en que queremos demostrarnos ante la sociedad
digital, de cómo queremos ser vistos y ocultando rasgos que no queremos develar.
Somos lo que queremos ser dentro de los límites de nuestro imaginario, una proyección distinta y disconforme de lo que realmente somos y no queremos demostrar en las
redes sociales, dejando de lado nuestra identidad verdadera. La influencia de esta propia
imaginación en la generación de diversos perfiles juega un papel fundamental, porque otorga una facultad distintiva de las demás personas o usuarios que navegan y se vinculan
constantemente en la red. Los propios sitios de encuentros nos exponen, nos abren y nos
permiten entrar en la vida ajena de los demás, resultando un cúmulo de factores con que
pueden incidir en la configuración de un perfil determinado, diferente a los demás, “dando
lugar a una cuestión que emerge en este proceso de reflexión y análisis: ¿quién soy? ¿Por qué
quiero ser como otro usuario?” (Morales, 2012:2) Es aquí donde la construcción de una
identidad verdadera desaparece en la planificación del individuo en red. Según el portal
conceptodefinición.de (2015), la identidad refiere a la serie de rasgos atributos o
características propias de una persona, sujeto o inclusive de un grupo de ellos que logran
diferenciarlos de los demás. Esta noción interpreta la percepción de la identidad dentro de los
límites de la realidad, donde se desvanece y pasa a un segundo plano al instante de generar un
perfil en una red social determinada, debido a que el individuo no está de acuerdo con sus
rasgos característicos o porque no considera propicio exponer parte de su vida ante la negativa
de los demás usuarios. Por ello, la persona, inserta dentro de un ámbito de relaciones sociales,
ve en las tecnologías y sitios de encuentros la maniobra exacta de hacer uso de funciones que
otorguen una identidad digital a base de su imaginación particular.
La popularidad de herramientas como Tinder, Badoo, Match y Zona Citas hace que la
sociedad o el conjunto de usuarios puedan hacer uso de las mismas, en pos de emplear
distintas funciones con el fin único de relacionarse. La delimitación de ciertas redes sociales
se atribuyen en base a ciertas funcionalidades que el individuo está dirigido para con su
aprovechamiento en la web, bajo la intención con que el usuario se conecta y elige
determinado sitio, tal como Twitter, para visualizar noticias y actualizaciones de estados de
personas relevantes (seguidores) y como una plataforma para compartir opiniones e
intercambiar sentidos diversos sobre un tema determinado; el caso de Instagram, como una
red social que garantiza la puesta en común de fotografías, visualizar publicaciones de artistas
reconocidos, intercomunicarse con los demás contactos, entre otras funcionalidades que el
cibernauta puede hacer uso mismo. Las redes sociales emergieron bajo la objetivización de
facilitar una comunicación interpersonal a través de la intermediación de los dispositivos
tecnológicos y sus diversos sitios entre dos o más individuos en sociedad, destacando entre
sus ventajas principales, la capacidad de conectar a las personas en todo el mundo, instituido
como objetivo primordial e histórico; destaca también que dichas redes poseen el beneficio de
permitirles a los usuarios establecer comunicaciones inmediatas y de manera sencilla, sin
necesidad de hacer uso de las tradicionales vías de comunicación, como el servicio telefónico o el correo electrónico, entre otros medios del pasado, a modo de adaptarse a las principales
innovaciones tecnológicas del hoy, bajo la presencia de teléfonos celulares, computadoras y
tablets; entre otros de los aspectos que hacen a la comunicación hoy como elemento básico
del mundo del Internet, se encuentra la de contrarrestar la timidez en medio del proceso
dialogal, a través de los diferentes chats de sus respectivas redes sociales, garantizando un
intercambio de ideas y una conversación que se ajusta a la comodidad y conformismo de los
usuarios que se relacionan socialmente en un mundo digital; y una última opción que se
manifiesta en la utilización de tales sitios de relaciones, es la de simplificar la relación entre
las personas sin barreras culturales ni físicas, donde incide la configuración de un perfil, bajo
el propósito de mostrarse en lo que imagina ser sin manifestar aspectos acordes a su realidad o
identidad verdadera, constituyendo una estrategia de comunicación y de favorecimiento en la
conformación de una red de relaciones.
Según el portal fundaciónlúminis.org.ar (2015), en Argentina, el 95% de los
adolescentes tienen acceso a Internet, el 40% tiene conexión en sus respectivos hogares y el
60% restante accede a las distintas redes sociales en otros sitios. Estos porcentajes evidencian
un claro desarrollo y acceso a las nuevas tecnologías, entre los principales aparatos, como las
computadoras, tablets y teléfonos celulares, demostrando que los mismos evolucionan de
manera simultánea que las diversas apps y sitios de encuentros. En los niños y jóvenes se
puede apreciar un control arduo y activo de los aparatos tecnológicos, debido al contexto de
“revolución tecnológica” en que se encuentran inmersos, adquiriendo conocimiento
“temprano” en su utilización. Los adolescentes instruyen un modo de comunicarse distintivo
de los restantes estratos sociales como actores tecnológicos, debido que afecta de manera
directa en la construcción de identidad, es decir, la vida actual de los jóvenes transcurre bajo
dos esferas particulares: virtual, donde los vínculos se dan en el ciberespacio, y real, llevada a
cabo junto con las relaciones personales. La inserción de diversos aparatos tecnológicos
vislumbra un camino progresivo que articula los modos de comunicación de las personas en
un marco de redes sociales, esencialmente, por Internet. Roxana Morduchowicz (2015),
doctora en Comunicación y especialista en consumos culturales por parte de jóvenes y
adultos, afirma que los intercambios virtuales actuales no debilitan ni reemplazan las formas
de encuentro y sociabilidad tradicionales, sino que las refuerzan en el mundo de Internet.
Retomando la noción de construcción de identidad, contenidos y factores socioculturales
pueden llegar a incidir y determinar en la producción de una identidad desigual que la verdadera, dentro del universo de los jóvenes y adolescentes, como actores o sujetos sociales
principales de estudio en las redes sociales.
De acuerdo al sitio Infobae.com (2012), hay determinados elementos que nos permiten
diseñar o planificar la construcción de una identidad digital o un perfil dentro de la esfera de
las redes sociales, identificados como rasgos que pueden configurar qué es lo que quiere
demostrar de su vida el usuario y qué lo que quiere ocultar o “falsear”. Las siguientes
composiciones juegan un rol importante en lo que respecta a la representación de la identidad
o perfil de la persona y su exposición ante los demás, que pueden resultar de incidencia
explícita o implícita en el productor de la figura social: el primer elemento atribuye a las
fotografías, constituyente del motor viral de las redes sociales en lo que refiere a transmisión
de contenidos, donde una foto adquiere forma de mensaje, es enviado a ciertos contactos y
circula posteriormente en las redes, determinando que las fotos forman parte intrínseca en la
conformación de identidad digital, ya que hablan o expresan sobre el propio usuario, sobre sus
pensamientos e ideas, tal es el caso de Micaela Almirón, usuaria activa de Facebook y
Whatsapp, en la que en su perfil sube fotos que connotan perversidad y obscenidad, otorgando
un pensamiento en conjunto sobre su identidad como tal. Un segundo elemento refiere a los
comentarios, donde es un eje representativo de la configuración identitaria digital que se
materializa en la participación de publicaciones y posteos, mayormente en redes como
Facebook, Twitter e Instagram, debido a que cada opinión representa una idea o
responsabilidad por publicar y hacer circular un comentario, ya sea en su forma y modo
respectivamente. Y un tercer elemento que denomina a los contactos, donde es aconsejable
mantener en vínculos aquellas personas que transmitan cercanía y confianza en la vida real,
pero trasladados en las redes sociales, en pos de evitar relaciones con extraños, pero, en este
caso, la plataforma Facebook amplia los horizontes y su meta de que un usuario pueda
conocer y relacionarse con nuevas personas, evitando que haya un control exhaustivo sobre la
propia seguridad del individuo y sus contactos virtuales, en este caso, atribuyendo una propia
experiencia personal de mi parte, ya que en dicha red social, en 2012, he enviado solicitudes
de amistad a diferentes personas desconocidas por mí, ya que no tenía en cuenta los riesgos
que podía contraer el contacto con usuarios que buscaban otras intenciones para con otras
personas, representando uno de los peligros que puede presentar la plataforma en la ausencia
de intervención y seguridad. Internet puede abarcar miles de millones de usuarios, donde los
elementos desarrollados anteriormente infieren de manera tal en la configuración de un perfil digital o que demuestran a toda una sociedad cibernética rasgos identitarios posibles de
identificar y de dar cuenta.
Las redes sociales actuales remiten a diversas funcionalidades e intenciones con que
los usuarios pueden hacer uso, ya sea en la búsqueda de una pareja, relación casual, encuentro
sexual, establecimiento de amistades, entre otras temáticas, pero todas ellas bajo la esfera de
facilitar una comunicación que integre a todos y todas, rompiendo con los esquemas de los
vínculos interpersonales o “cara a cara”. La construcción de una identidad digital sigue en la
puesta de discusión en el mundo cibernético, ya que las plataformas disponen de opciones que
permiten reconfigurar datos o información sobre el usuario y determinando la manera en que
se dará a conocer una vez sea una figura pública en las redes. El caso de Facebook y Tinder se
tornan como ejemplos bases para el análisis, redes en las que integran millones de personas en
búsqueda de una meta: establecer vínculos sociales. De acuerdo con el sitio es.wikipedia.org
(s/d), Facebook es un sitio web de redes sociales, donde se integran millones de usuarios
provenientes de todos los países del mundo, garantizando una política de comunicación
intercultural, a modo que los individuos sociales establezcan relaciones determinadas por
medio de una plataforma digital; en este sitio se puede crear un perfil, determinado como un
espacio personal dentro de la red social, donde se “cuelgan” todos los datos que el usuario ha
de disponer y de exponer para su conocimiento público con los demás cibernautas, como así
también disponiendo de actualizaciones, estados y fotografías que otorguen noción
característica del perfil o dimensión del usuario, en el marco de que el usuario decide
quién/quiénes pueden visualizar los contenidos y quiénes no. Y citando a la web
Instanchat.com (2017), en el caso de Tinder, dimensionado como plataforma digital, sitio de
encuentros o aplicación geosocial que permite buscar, encontrar y conocer otras personas con
similitud de intereses, deseos o gustos personales, permitiendo un contacto más directo e
intencionalizado bajo una finalidad de búsqueda de pareja, relación de amistad o sexo,
dependiendo del usuario en sí. Se refleja en su contenido la configuración de una foto de
perfil, ya que a través de la misma se indicará si otros usuarios están interesados en entablar o
no una conversación, donde también se determina información personal acerca de los gustos
personales y rasgos físicos (altura, peso, etc), a modo que otras personas puedan visualizar los
datos expuestos, además de determinar la ubicación para entablar vínculos con otros usuarios
cercanos al lugar de procedencia, facilitando su funcionalidad y especificidad. Ambas
plataformas digitales se constituyen como las principales en el marco de otorgar funciones diversas para el manejo de los usuarios en su dinámica, implementando una comunicación
activa.
La configuración de una identidad en el universo de las plataformas digitales tiene su
lado negativo, que va más allá de exponer datos o informaciones “falsas” que no coincidan
con la misma realidad del usuario, sino que integra, en este caso, el concepto de “robo de
identidad” o “cibersuplantación”. Según es.wikipedia.org (s/d), a este enunciado se lo define
como la apropiación de la identidad de una persona, en el sentido de hacerse pasar por esa
persona, asumir su identidad ante otras personas en público o en privado, para acceder a
ciertos recursos o para con la obtención de créditos y otros beneficios en nombre de esa
persona o usuario; el robo de identidad también es utilizado con el fin de perjudicar a esa
persona, es decir, difamarlo o manchar su nombre/perfil con diversos fines que el criminal
busque, considerándose de tal forma como un delito. Tinder se constituye como la plataforma
líder en sufrir este tipo de consecuencias para con sus usuarios, evidenciándose en el robo de
la foto de perfil de un determinado usuario, a fin de que la persona “usurpadora” pueda
obtener una mayor cantidad de citas y de conversaciones con otros cibernautas, o con la meta
de que una persona crea una cuenta falsa usada como spam, para estafas u otros propósitos
maliciosos. La utilización y robo de imagen representa una secuela importante en la
configuración de un perfil. De acuerdo a lo planteado por el portal de noticias soychile.cl
(2017), un caso que ilustra este tipo de situaciones es el referido a la suplantación de identidad
en Tinder de Mariana Di Girolamo, actriz chilena, que denunció en julio del año corriente un
robo de imagen por parte de otra persona dentro de la aplicación Tinder, haciéndose pasar por
la mediática: la víctima terminó por aclarar que no tenía ninguna relación con la plataforma de
citas. Este tipo de delitos se repite constantemente y es llevado adelante por “hackers”, que
hacen uso de métodos para cumplir con su cometido, como lo es la obtención de información
personal, a través de la creación de correos falsos, haciendo pasar al atacante por una
organización o empresa para obtener acceso alguno a la obtención de información íntima; de
manera personal, en la que cualquier individuo malicioso podría obtener datos que vio o
escuchó de parte suya, garantizándole el acceso a algún dato o recurso valioso determinado.
El desarrollo de las tecnologías trajo aparejadas ventajas importantes en la simplificación de
la comunicación, pero también destaca la desventaja de llevar a cabo el robo de identidad,
convirtiéndose en la modalidad delictiva que más se acrecentó en los últimos años, dando
cuenta que, en el año 2014, se denunciaron 117 delitos de suplantación de identidad en España y alrededores, según lo expresado en un informe realizado por el sitio web
lavanguardia.com (2017).
Resultado de imagen para la identidad en las redes
Las tecnologías y las redes sociales llegaron para quedarse, para subsanar una
necesidad no tan urgente en las últimas décadas pero que sobrevino de repente en la vida
social y cultural de la humanidad, como lo es el advenimiento de una nueva forma de
comunicación universal en el manejo de las distintas plataformas digitales. La aparición de las
redes sociales, como mediadoras de comunicación detrás de una pantalla, dejaron de lado y
desvalorizaron el encuentro personal entre dos individuos. Lo digital adquirió su lugar en el
mundo, una dinámica y desarrollo que sobrepasaron las expectativas de la comunicación en el
siglo XX, pero que resulta una evidencia clara que la humanidad evoluciona a grandes saltos,
especialmente a partir de los 2000’.
La demarcación entre la esfera de lo público y de lo privado determinó ciertos
espacios en la conformación de las redes sociales, como un universo totalmente renovado y
distinto que el de la realidad misma. Las mismas plataformas digitales influyen en la
generación de una identidad fuera de lo normal, la creación de perfiles que no coinciden con
la realidad son frecuentes en los últimos años debido al consecuente desarrollo de las
tecnologías que lo sustentan: tales perfiles no dejan de lado el fenómeno delictivo de la
cibersuplantación del último lustro. Pero si la búsqueda del individuo es la de facilitar una comunicación determinada, debe de acudir a mostrarse tal cual es, sin menospreciar sus posibles defectos que considera en segundo plano, sino que las redes sociales ofrecen la oportunidad única de constituirnos como meros individuos, que podemos expresarnos en
todas nuestras facetas para, de tal manera, facilitar la comunicación entre unos y otros usuarios dentro del amplio mundo de las redes sociales actuales.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

"THE WALKING DEAD, ADICTOS AL CELULAR"

Por Bárbara Rossetto
En la parodia publicitaria “The guiding Hand” es una pequeña muestra de lo que nuestra sociedad está viviendo. Las redes sociales están provocando que necesitemos ayuda para caminar, leer, jugar con niños y hasta para comer. ¿Somos conscientes del punto al que hemos llegado? ¿Conocemos los peligros que esto trae?
En los últimos años compartir todo se volvió una necesidad, tenemos que decir que hacemos, mostrar que estamos felices o que estamos tristes, que todo el mundo lo vea y lo comenté.
¿Qué estás haciendo? ¿Dónde estás? ¿Con quién estás? ¿Te acordás cuando el año pasado decías esto? Preguntan Facebook, twitter, snapchat, Instagram, entre otros como novio celoso. Y produce que nos desconectemos del mundo real, estamos de lleno en el mundo virtual. Es más importante decirlo en las redes que vivirlo, lo que causa peleas, malos entendidos y olvidos.
“Ma no tengo tiempo para estudiar”, ni para ir a comprar, ni para hacer actividad física, ni para trabajar. Repiten a diario cientos de adolescentes en todo el mundo. Las veinticuatro horas del día no les alcanzan. Entre comer dormir, estudiar, tomar cientos de fotos compartirlas en Internet y ver historias necesitaríamos tener 36 horas.

Todo el tiempo perdido, las actividades abandonadas, conversaciones sin miradas ni atención conllevan a peleas con los padres. Maite Ruiz en su artículo “La falta de comunicación entre padres e hijos” dice que los padres “están preocupados porque sus hijos están mudos pero publican sus problemas en las redes” y en lugar de hablar, pelean y no logran un acuerdo.
Un estudio realizado por el diario La Nación demostró que se roban 4764 celulares por día por eso la gente sufre heridas y hasta la muerte. Además el peligro a futuro  más grande que presentan las redes es que en muchas empresas revisan las redes sociales de los futuros trabajadores y toman una muestra de su forma de ser. Por eso como afirma Jure Keplic, escritor y experto en marketing, Lo que ocurre en “Las Vegas se queda en Las Vegas. Lo que ocurre en Twitter se queda en Google para siempre” y debemos tener cuidado.  ¿Por qué no contamos cuántas personas mueren por culpa de los celulares? ¿Cuántos accidentes se producen?
En un documental producido por una página de internet llamada “upcosl” y en el capítulo “Oso Blanco” de la serie “Black Mirror” se hace referencia a que somos zombis del celular, que abandonamos la vida real para huir a la virtual. En el capítulo de la serie de Netflix se muestra que hay gente sale a matar a otras personas y hay otras que filman y comparten por las redes sociales, en lugar de ayudar a las víctimas o llamar a la policía. Preferimos publicar en lugar de ayudar, si hacemos una buena acción la compartimos en Internet, no somos conscientes de lo que está pasando en el resto del mundo. Estamos cuerpo presente, mente ausente en el mundo real.
Pero a pesar de todo, los celulares y las redes sociales tienen un punto a favor, nos sirven para comunicarnos, para saber que está pasando en el resto del mundo, para que nuestros padres y familiares sepan dónde estamos.
Además ¿Cuántas parejas se conocieron por internet y se casaron? ¿Con cuántas personas que no veíamos hace mucho tiempo nos hemos comunicado? ¿Cuántas amistades hemos formado? UN MONTÓN. Ha servido como un medio de comunicación, una forma de contacto, ha servido como una de las mejores formas para conocer gente.
En fin, podemos usar las redes y el celular pero con cuidado, tomar un descanso, desconectarnos de las redes, evitar convertirnos en zombis del celular  y caminar vivos.





lunes, 4 de diciembre de 2017

ADICTOS A LA RED

Por Fernando Manchaca
 Íbamos caminado por la calle, cuando de repente nos increpan dos tipos. Le roban el celular a mi amigo. Entre la desesperación y los nervios, lo primero que hizo no fue avisar a la policía ni pedir ayuda. Lo primero que hizo fue pedir mi celular para entrar a Facebook.
  Es que esta red social se ha convertido en un mundo paralelo, donde vivimos otra realidad. Entonces a este amigo no le robaron el celular, le robaron su mundo, su realidad, construida a base de comentarios, posteo, estados, fotos, etiquetas, likes y demás. A si es. Nos tomamos muy en serio algo que es ficticio. Es decir “las redes sociales se han transformado en el lugar donde muchas veces se forja la (otra)identidad. Es que tanto los hombres como las mujeres somos dependientes: necesitamos amar y ser amados” (Berdichesky,2016:47,48).

¿QUE TAN NOCIVO ES?
  Una red social es como un reloj en víspera de año nuevo. Lo miramos cada diez minutos. Lamentablemente dependemos y le damos mucha importancia a algo efímero y superficial como lo es una cuenta de Facebook, un espacio donde nadie es genuino.
  Debo afirmar que cada vez estamos más pendientes y dependientes de las redes sociales porque estas son una vidriera social donde nos vendemos exhibiendo momentos seleccionados de nuestra vida para agradar a otros, ya que su mirada penetra en la raíz de nuestras emociones.
  Según una investigación realizada por dos universidades alemanas (Humboldt University y Darmstadt’s Technical University). Unas de cada tres personas se sienten mal y más insatisfechas con sus vidas tras revisar la red social. Esto tiene que ver con la envidia que despierta al ver en las publicaciones de los demás, la “vida” que no podemos tener (Lasso,2013). Provoca una sensación de soledad, porque a pesar de tener 2000 “amigos “en Facebook, no conocemos a nadie. O tal vez sí los conocemos, pero no a los verdaderos, sino a los personajes que crean, personajes que solo viven en ese mundo virtual.                                                                                   
  En este caso me parece interesante citar con sus dichos en una entrevista a Noam Chomsky, lingüista y filosofo estadounidense, a cerca de la tecnología e internet, “yo creo que probablemente sea un paso hacia atrás, porque esta separando a la gente, construyendo relaciones superficiales” (Molina, 2013). Palabras de un gran pensador contemporáneo que describen muy bien los vínculos de hoy.

LAS SECUELAS QUE NOS DEJA EL CONSUMO EXESIVO
  Por un momento pongámonos a pensar e imaginar. ¿Qué pasaría si se cayera, por un tiempo indeterminado, Facebook y WhatsApp?, ¿podríamos seguir con nuestras vidas normalmente?, ¿sería lo mismo? Seguramente nos costaría mucho readaptarnos, así como nos costó con el avance tecnológico, pero si se podría. Es más, las formas de relacionarnos serían más auténticas y más puras. Dije que nos costaría porque las redes se han impregnado muy fuerte en nuestra sociedad actual. Entonces por otra parte, es nuestro contexto que nos obliga a hacer uso de ellas. Esto se puede ver reflejado en los distintos ámbitos que fueron contaminados por una red social, como por ejemplo la educación y el trabajo.
  Además, WhatsApp y Facebook, sobre todo esta última, hicieron surgir nuevos problemas que ponen en riesgo nuestra intimidad y confidencialidad. Como el cyberbullyng, el uso de los medios telemáticos para ejercer acoso psicológico entre iguales. Phishing, una técnica de ingeniería social utilizada por los delincuentes para obtener información confidencial. Malware malicious software, es decir todo tipo de programa o código malicioso con el objetivo de dañar un sistema. Fake, se refiere a un archivo o servidor falso que no es lo que aparenta. Por nombrar algunas.  
  Entonces, como dice el eslogan de una campaña política muy bien conocida, sí se puede, cambiemos, en referencia a nuestro problema sobre la dependencia de las redes. Podemos argumentar éste cambio con las contrariedades que vengo presentando a cerca del uso de una red social.

2


MARGINADOS POR LA MALA COMUNICACIÓN      
  Pero debo decir que no todo es pernicioso o dañino. Facebook también nos sirve para facilitar la interacción entre uno y otro. Nos es más cómodo hacerlo a través de esta red. Además, disuelve a los pretextos de la distancia y la falta de tiempo. También rompe con las barreras culturales (no solo de países sino de clases sociales). Aquel que tiene un familiar viviendo lejos o aquel que le cuesta interactuar por timidez, estarán agradecidos con estas formas de comunicarse. Sin embargo, de qué sirve todo esto sí a la hora de relacionarnos por este medio el mensaje se deforma. Es decir, podemos comunicarnos, pero no entendernos, las palabras no tienen el mismo sentido en un mensaje que cuando salen de nuestró ser. Porque comunicarnos abarca todo gesto silencio o movimiento. Sensaciones que no podemos sentir si no estamos cara a cara físicamente presentes a la hora de comunicarnos.
   “La costumbre de dialogar se ha retraído, y a su sombra creció la moda de escribirse, donde no faltan los malentendidos y los desencuentros producto de tergiversaciones de sentido y de expectativas” (Berdichesky,2016: 129,130). Un ejemplo de esto podría ser el sarcasmo. ¿Como podríamos detectar este recurso en un mensaje escrito?, solo lo podríamos descubrir presenciando a la otra persona viendo sus gestos y sus formas. La comunicación es muy rica por estos recursos, pero la tecnología la empobreció en este sentido.

RAZONANDO

  Mas allá de la tecnología o de Facebook, saliendo de este ámbito y yendo a uno más general, como el de la vida misma. No podemos depender tanto de algo para poder vivir. Es que, volviendo al uso de las redes, pareciera que construir una realidad en un mundo virtual paralelo se ha sumado al conjunto de necesidades básicas del ser humano. Me gustaría finalizar reflexionando con estas palabras. “Puede que, durante meses, lo disfrutemos. Pero a la larga, trastoca y nos hace perder habilidades sociales” (Berdichesky,2016:142). Es decir, nos convertiremos en seres inaccesibles socialmente.

domingo, 3 de diciembre de 2017

REPUTACIONES ONLINE

Por: Agustina Marquiegui
“solo hay que aceptar la dinámica, mantenerse actualizado a través del uso cotidiano de las redes”
La mayoría de las personas que somos usuarios de alguna red social, tratamos de mantenernos constantemente conectados a ellas. Ya sea escribiendo frases o publicando fotos. Pero ¿cuáles son los criterios que seguimos al momento de postear algo? En las redes sociales, construimos por nuestra cuenta una personalidad (real o  no), que a la vez se ve influenciada por el resto. Esto se debe a que los demás usuarios son quienes dan el visto bueno y determinan la línea que nuestras publicaciones van a seguir, para ser aceptadas. El concepto, bueno o malo, que las personas tengan sobre nosotros a partir de cómo nos mostramos virtualmente, se denomina reputación. Este texto va a girar en torno a la construcción de una buena reputación en las redes sociales.
Cada vez que publicamos algo en una red social, estamos pendientes de los comentarios, de las reacciones o likes de los demás usuarios. Nuestra reputación cibernética se construye a partir de las opiniones del resto. Es absoluta y estrictamente superficial, porque nos mostramos como los demás quieren vernos y no como realmente somos.
  Ser popular en redes, implica que cada vez queremos mas y mas likes y comentarios positivos. Para ellos le damos a nuestro público lo que nos pide. Seguimos una línea ya determinada, que cambia según los gustos de nuestros seguidores. Nuestra reputación se va construyendo y mejorando a medida que reconocemos cuando nuestras publicaciones serán bien vistas y cuando serán ignoradas. Eso sí, hay que tener en cuenta al tipo de público al que nos estamos dirigiendo y el tipo de perfil que nos interesa tener.

Los likes
  Ser reconocidos en redes sociales, reconforta nuestra reputación. Esto se logra por medio de los likes. Una persona con muchas reacciones positivas en un posteo, quiere decir que la misma es aceptada y que cumple con las reglas cibernéticas a cerca del buen gusto,  planteadas por los usuarios. Debemos parecer interesantes a los ojos del público. Al contrario de una persona con pocos likes en una publicación, que se estaría manteniendo al margen de lo que los usuarios quieren ver.
 Para aumentar la aprobación de nuestros seguidores, debemos mostrar algo que resulte interesante para el público al que nos estamos dirigiendo, que logre cautivar y que estéticamente se vea agradable. Claro está el ejemplo de mujeres consideradas atractivas, para el ojo masculino.
Por otro lado, publicar cosas que quizás nadie quiere ver y que no resultan interesantes, podría disminuir la cantidad de likes que recibimos e incluso disminuir nuestros seguidores. Por ejemplo, las publicaciones que giran en torno al ámbito político, están fuera del interés personal de cierto grupo de adolescentes. Por lo cual, la misma sería ignorada.
A partir de la necesidad que todos los usuarios tenemos, de buscar tener la aprobación en redes del resto, creamos una especie de dependencia de ello. Estamos pendientes de cómo nos ven y mientras recibamos aprobación, no nos interesa ser parte del montón. Aunque creamos que resaltamos entre el resto. “el objetivo es, atraer. Mientras los demás usuarios nos acepten, todo está bien.

          Detrás de la pantalla
           Pero, ¿Qué es lo que encontramos detrás de una pantalla? ¿Realmente somos lo que mostramos? Sonia Yáñez Blum, comunicadora digital afirma que, “debemos hacer coincidir nuestra personalidad online y nuestra marca personal”. Esto quiere decir que en redes sociales, deberíamos mostrarnos tal cual somos. Pero no ocurre de esta forma. Nuestra personalidad cambia para adaptarse al grupo online al que queremos pertenecer y son muy pocos quienes en realidad conocen nuestra verdadera esencia. Para terminar, Yáñez Blum asegura que, “si manejamos bien nuestra marca persona, tendremos como resultado una buena reputación online”.

Comentarios finales
           Ahora bien, podríamos hacer una excepción, porque hay personas que se mantienen al margen de la dependencia ya descripta. Son usuarios que quizás no frecuentan permanentemente las redes, o bien no les interesa recibir una opinión positiva, sino que planean mostrarse tal cual. No realizan posteos para conformar al resto, solo buscar su propio bienestar y no necesitan ser aprobados para tenerlo.

            Finalmente, afirmamos que todos los usuarios activos de cualquier red social actualmente utilizada, por medio de fotos o publicaciones escritas, buscamos resaltar. Atraer seguidores y gente que nos recuerde lo asombrosos que somos a los ojos del público. Por supuesto que, nunca somos lo que mostramos online. Pretendemos resaltar, siendo uno más del montón y ese criterio funciona por más absurdo que suene. Nuestra reputación cibernética, definitivamente se construye y alimenta a partir de lo que el resto opina. “Todos necesitamos alimentar de vez en cuando ese pequeño monstruo que llamamos ego”, nos dice Manuel Rodríguez. En efecto, todos necesitan sentirse queridos y lo logran por medio del más mínimo comentario de aprobación.