"La rápida evolución de las tecnologías de la información y la comunicación que se ha dado en la última década nos ha brindado un nuevo mundo en el cual "entramos" con solo encender la computadora, desconectandonos del mundo real y adentrandonos a uno "irreal", mucho más seductor, el de las redes sociales"
Celina Morales, 2012
El siglo XXI ha ofrecido una infinidad de avances para todas las sociedades. Una de sus demostraciones fue el advenimiento de las tecnologías y su instalación en la vida de cada uno de nosotros, estableciendo un antes y un después en la configuración de nuestro modo de vivir, de convivir con los demás y de comunicarnos y relacionarnos los unos con los otros. La
llegada de los teléfonos celulares a inicios del 2000, el progreso del Internet dentro de una
plataforma web y el acrecentamiento de las primeras cámaras digitales fueron ejes centrales
que delimitaron el pasado con el presente, abriendo una nueva etapa en la evolución de la
humanidad. No obstante, el arribo de diversos sitios de Internet proclamó la entrada a la vida
de las personas de las denominadas redes sociales. A partir de entonces, las personas se
comunicaban a través de una pantalla y no por medio del contacto personal y físico, con que
hace unas décadas predominaba al momento de establecer determinados vínculos sociales. Es
por ello que las nuevas tecnologías y su desarrollo plantearon y proponen un nuevo paradigma
en lo que concierne a las formas de vincularse con los demás y de intercambiar sentidos de
forma digitalizada.
Las redes sociales son múltiples: en medio del auge de Internet en las diversas
plataformas web, a principios del 2003, emergieron los primeros sitios de encuentros y
portales, como MySpace, Friendster, Tribe, Xing, entre otras. Tales redes adquirieron
determinada relevancia de acuerdo a su crecimiento exponencial en lo que respecta a su
utilización como herramientas comunicacionales. El manejo de las mismas supone un
conocimiento cercano a los fines con que se lleva a cabo su aprovechamiento, es decir, el
simple hecho de relacionarse entre individuos o grupos sociales de diversos lugares. En
ciertos casos, una de las opciones que llegaron a las redes sociales fue la de creación de un
perfil, o sea, el conjunto de cualidades y de rasgos con que una persona se presenta ante los
demás, en esta circunstancia, en los medios digitales y ante otros usuarios, en pos de entablar relaciones sociales. Pero la incorporación de la manipulación de las opciones en la generación de una identidad digital se hizo realidad, identificando el nacimiento de una estrategia comunicativa que el individuo puede usar en el contexto del paradigma tecnológico actual. La generación de un perfil demuestra el facilitamiento de las redes en su meta de concretar diversas interrelaciones en un mundo digital, pero… ¿con qué finalidad los usuarios de las
distintas redes sociales, aplicaciones especializadas y sitios de encuentros llevan a cabo la
configuración de perfiles, diferentes de sus propias realidades? De tal manera, ¿se verían
perjudicados o beneficiados al crear perfiles que contengan datos falsos distantes de la
realidad misma? ¿Es válida cualquier manera de desarrollar la identidad personal dentro de un
mundo digital?
En concordancia con Pedro Almodovar (citado por Monzón, 2016:2), reconocido
director de cine español, no pierde la oportunidad de subrayar el valor de lo falso en la
construcción de una identidad. Por otra parte, de acuerdo con Andy Faerman, influencer y
bloguera argentina, en el marco de una entrevista con el portal musaargentina.com.ar (2017),
afirmó que “le damos una identidad propia construida a ese personaje virtual que pretendemos
ser. Somos el filtro de su construcción, decidiendo qué es apropiado mostrar y qué no lo es”.
Esta identidad es la que se puede trasladar dentro del ámbito de las redes sociales, ya que
sitios como Facebook y Tinder, este último como red de encuentro de amistad, pareja o sexo,
manejan funciones que son acordes a las utilidades de los distintos usuarios, en el marco que
posibilitan la creación de una cuenta, dando paso a la generación de un personaje virtual,
distinto de la realidad. Dichas redes, nos permiten generar una idea falsa de lo que realmente
somos, en pos de entablar vínculos sociales con otros individuos que, si se demuestra a partir
de la faceta más verosímil de la realidad del usuario, puede no llegar a tener el éxito buscado
en generar sociedad. “Se constituye como una estrategia meramente comunicativa, en la que
los sitios nos dan la oportunidad de que, si no estamos conformes con nosotros mismos,
podamos construir una faceta más interesante como usuarios.” (Morales, 2012:2). Por lo tanto, los perfiles se ofrecen al usuario para ser manipulados por él mismo, para realizar una
propia construcción en sí, en la manera en que queremos demostrarnos ante la sociedad
digital, de cómo queremos ser vistos y ocultando rasgos que no queremos develar.
Somos lo que queremos ser dentro de los límites de nuestro imaginario, una proyección distinta y disconforme de lo que realmente somos y no queremos demostrar en las
redes sociales, dejando de lado nuestra identidad verdadera. La influencia de esta propia
imaginación en la generación de diversos perfiles juega un papel fundamental, porque otorga una facultad distintiva de las demás personas o usuarios que navegan y se vinculan
constantemente en la red. Los propios sitios de encuentros nos exponen, nos abren y nos
permiten entrar en la vida ajena de los demás, resultando un cúmulo de factores con que
pueden incidir en la configuración de un perfil determinado, diferente a los demás, “dando
lugar a una cuestión que emerge en este proceso de reflexión y análisis: ¿quién soy? ¿Por qué
quiero ser como otro usuario?” (Morales, 2012:2) Es aquí donde la construcción de una
identidad verdadera desaparece en la planificación del individuo en red. Según el portal
conceptodefinición.de (2015), la identidad refiere a la serie de rasgos atributos o
características propias de una persona, sujeto o inclusive de un grupo de ellos que logran
diferenciarlos de los demás. Esta noción interpreta la percepción de la identidad dentro de los
límites de la realidad, donde se desvanece y pasa a un segundo plano al instante de generar un
perfil en una red social determinada, debido a que el individuo no está de acuerdo con sus
rasgos característicos o porque no considera propicio exponer parte de su vida ante la negativa
de los demás usuarios. Por ello, la persona, inserta dentro de un ámbito de relaciones sociales,
ve en las tecnologías y sitios de encuentros la maniobra exacta de hacer uso de funciones que
otorguen una identidad digital a base de su imaginación particular.
La popularidad de herramientas como Tinder, Badoo, Match y Zona Citas hace que la
sociedad o el conjunto de usuarios puedan hacer uso de las mismas, en pos de emplear
distintas funciones con el fin único de relacionarse. La delimitación de ciertas redes sociales
se atribuyen en base a ciertas funcionalidades que el individuo está dirigido para con su
aprovechamiento en la web, bajo la intención con que el usuario se conecta y elige
determinado sitio, tal como Twitter, para visualizar noticias y actualizaciones de estados de
personas relevantes (seguidores) y como una plataforma para compartir opiniones e
intercambiar sentidos diversos sobre un tema determinado; el caso de Instagram, como una
red social que garantiza la puesta en común de fotografías, visualizar publicaciones de artistas
reconocidos, intercomunicarse con los demás contactos, entre otras funcionalidades que el
cibernauta puede hacer uso mismo. Las redes sociales emergieron bajo la objetivización de
facilitar una comunicación interpersonal a través de la intermediación de los dispositivos
tecnológicos y sus diversos sitios entre dos o más individuos en sociedad, destacando entre
sus ventajas principales, la capacidad de conectar a las personas en todo el mundo, instituido
como objetivo primordial e histórico; destaca también que dichas redes poseen el beneficio de
permitirles a los usuarios establecer comunicaciones inmediatas y de manera sencilla, sin
necesidad de hacer uso de las tradicionales vías de comunicación, como el servicio telefónico o el correo electrónico, entre otros medios del pasado, a modo de adaptarse a las principales
innovaciones tecnológicas del hoy, bajo la presencia de teléfonos celulares, computadoras y
tablets; entre otros de los aspectos que hacen a la comunicación hoy como elemento básico
del mundo del Internet, se encuentra la de contrarrestar la timidez en medio del proceso
dialogal, a través de los diferentes chats de sus respectivas redes sociales, garantizando un
intercambio de ideas y una conversación que se ajusta a la comodidad y conformismo de los
usuarios que se relacionan socialmente en un mundo digital; y una última opción que se
manifiesta en la utilización de tales sitios de relaciones, es la de simplificar la relación entre
las personas sin barreras culturales ni físicas, donde incide la configuración de un perfil, bajo
el propósito de mostrarse en lo que imagina ser sin manifestar aspectos acordes a su realidad o
identidad verdadera, constituyendo una estrategia de comunicación y de favorecimiento en la
conformación de una red de relaciones.
Según el portal fundaciónlúminis.org.ar (2015), en Argentina, el 95% de los
adolescentes tienen acceso a Internet, el 40% tiene conexión en sus respectivos hogares y el
60% restante accede a las distintas redes sociales en otros sitios. Estos porcentajes evidencian
un claro desarrollo y acceso a las nuevas tecnologías, entre los principales aparatos, como las
computadoras, tablets y teléfonos celulares, demostrando que los mismos evolucionan de
manera simultánea que las diversas apps y sitios de encuentros. En los niños y jóvenes se
puede apreciar un control arduo y activo de los aparatos tecnológicos, debido al contexto de
“revolución tecnológica” en que se encuentran inmersos, adquiriendo conocimiento
“temprano” en su utilización. Los adolescentes instruyen un modo de comunicarse distintivo
de los restantes estratos sociales como actores tecnológicos, debido que afecta de manera
directa en la construcción de identidad, es decir, la vida actual de los jóvenes transcurre bajo
dos esferas particulares: virtual, donde los vínculos se dan en el ciberespacio, y real, llevada a
cabo junto con las relaciones personales. La inserción de diversos aparatos tecnológicos
vislumbra un camino progresivo que articula los modos de comunicación de las personas en
un marco de redes sociales, esencialmente, por Internet. Roxana Morduchowicz (2015),
doctora en Comunicación y especialista en consumos culturales por parte de jóvenes y
adultos, afirma que los intercambios virtuales actuales no debilitan ni reemplazan las formas
de encuentro y sociabilidad tradicionales, sino que las refuerzan en el mundo de Internet.
Retomando la noción de construcción de identidad, contenidos y factores socioculturales
pueden llegar a incidir y determinar en la producción de una identidad desigual que la verdadera, dentro del universo de los jóvenes y adolescentes, como actores o sujetos sociales
principales de estudio en las redes sociales.
De acuerdo al sitio Infobae.com (2012), hay determinados elementos que nos permiten
diseñar o planificar la construcción de una identidad digital o un perfil dentro de la esfera de
las redes sociales, identificados como rasgos que pueden configurar qué es lo que quiere
demostrar de su vida el usuario y qué lo que quiere ocultar o “falsear”. Las siguientes
composiciones juegan un rol importante en lo que respecta a la representación de la identidad
o perfil de la persona y su exposición ante los demás, que pueden resultar de incidencia
explícita o implícita en el productor de la figura social: el primer elemento atribuye a las
fotografías, constituyente del motor viral de las redes sociales en lo que refiere a transmisión
de contenidos, donde una foto adquiere forma de mensaje, es enviado a ciertos contactos y
circula posteriormente en las redes, determinando que las fotos forman parte intrínseca en la
conformación de identidad digital, ya que hablan o expresan sobre el propio usuario, sobre sus
pensamientos e ideas, tal es el caso de Micaela Almirón, usuaria activa de Facebook y
Whatsapp, en la que en su perfil sube fotos que connotan perversidad y obscenidad, otorgando
un pensamiento en conjunto sobre su identidad como tal. Un segundo elemento refiere a los
comentarios, donde es un eje representativo de la configuración identitaria digital que se
materializa en la participación de publicaciones y posteos, mayormente en redes como
Facebook, Twitter e Instagram, debido a que cada opinión representa una idea o
responsabilidad por publicar y hacer circular un comentario, ya sea en su forma y modo
respectivamente. Y un tercer elemento que denomina a los contactos, donde es aconsejable
mantener en vínculos aquellas personas que transmitan cercanía y confianza en la vida real,
pero trasladados en las redes sociales, en pos de evitar relaciones con extraños, pero, en este
caso, la plataforma Facebook amplia los horizontes y su meta de que un usuario pueda
conocer y relacionarse con nuevas personas, evitando que haya un control exhaustivo sobre la
propia seguridad del individuo y sus contactos virtuales, en este caso, atribuyendo una propia
experiencia personal de mi parte, ya que en dicha red social, en 2012, he enviado solicitudes
de amistad a diferentes personas desconocidas por mí, ya que no tenía en cuenta los riesgos
que podía contraer el contacto con usuarios que buscaban otras intenciones para con otras
personas, representando uno de los peligros que puede presentar la plataforma en la ausencia
de intervención y seguridad. Internet puede abarcar miles de millones de usuarios, donde los
elementos desarrollados anteriormente infieren de manera tal en la configuración de un perfil digital o que demuestran a toda una sociedad cibernética rasgos identitarios posibles de
identificar y de dar cuenta.
Las redes sociales actuales remiten a diversas funcionalidades e intenciones con que
los usuarios pueden hacer uso, ya sea en la búsqueda de una pareja, relación casual, encuentro
sexual, establecimiento de amistades, entre otras temáticas, pero todas ellas bajo la esfera de
facilitar una comunicación que integre a todos y todas, rompiendo con los esquemas de los
vínculos interpersonales o “cara a cara”. La construcción de una identidad digital sigue en la
puesta de discusión en el mundo cibernético, ya que las plataformas disponen de opciones que
permiten reconfigurar datos o información sobre el usuario y determinando la manera en que
se dará a conocer una vez sea una figura pública en las redes. El caso de Facebook y Tinder se
tornan como ejemplos bases para el análisis, redes en las que integran millones de personas en
búsqueda de una meta: establecer vínculos sociales. De acuerdo con el sitio es.wikipedia.org
(s/d), Facebook es un sitio web de redes sociales, donde se integran millones de usuarios
provenientes de todos los países del mundo, garantizando una política de comunicación
intercultural, a modo que los individuos sociales establezcan relaciones determinadas por
medio de una plataforma digital; en este sitio se puede crear un perfil, determinado como un
espacio personal dentro de la red social, donde se “cuelgan” todos los datos que el usuario ha
de disponer y de exponer para su conocimiento público con los demás cibernautas, como así
también disponiendo de actualizaciones, estados y fotografías que otorguen noción
característica del perfil o dimensión del usuario, en el marco de que el usuario decide
quién/quiénes pueden visualizar los contenidos y quiénes no. Y citando a la web
Instanchat.com (2017), en el caso de Tinder, dimensionado como plataforma digital, sitio de
encuentros o aplicación geosocial que permite buscar, encontrar y conocer otras personas con
similitud de intereses, deseos o gustos personales, permitiendo un contacto más directo e
intencionalizado bajo una finalidad de búsqueda de pareja, relación de amistad o sexo,
dependiendo del usuario en sí. Se refleja en su contenido la configuración de una foto de
perfil, ya que a través de la misma se indicará si otros usuarios están interesados en entablar o
no una conversación, donde también se determina información personal acerca de los gustos
personales y rasgos físicos (altura, peso, etc), a modo que otras personas puedan visualizar los
datos expuestos, además de determinar la ubicación para entablar vínculos con otros usuarios
cercanos al lugar de procedencia, facilitando su funcionalidad y especificidad. Ambas
plataformas digitales se constituyen como las principales en el marco de otorgar funciones diversas para el manejo de los usuarios en su dinámica, implementando una comunicación
activa.
La configuración de una identidad en el universo de las plataformas digitales tiene su
lado negativo, que va más allá de exponer datos o informaciones “falsas” que no coincidan
con la misma realidad del usuario, sino que integra, en este caso, el concepto de “robo de
identidad” o “cibersuplantación”. Según es.wikipedia.org (s/d), a este enunciado se lo define
como la apropiación de la identidad de una persona, en el sentido de hacerse pasar por esa
persona, asumir su identidad ante otras personas en público o en privado, para acceder a
ciertos recursos o para con la obtención de créditos y otros beneficios en nombre de esa
persona o usuario; el robo de identidad también es utilizado con el fin de perjudicar a esa
persona, es decir, difamarlo o manchar su nombre/perfil con diversos fines que el criminal
busque, considerándose de tal forma como un delito. Tinder se constituye como la plataforma
líder en sufrir este tipo de consecuencias para con sus usuarios, evidenciándose en el robo de
la foto de perfil de un determinado usuario, a fin de que la persona “usurpadora” pueda
obtener una mayor cantidad de citas y de conversaciones con otros cibernautas, o con la meta
de que una persona crea una cuenta falsa usada como spam, para estafas u otros propósitos
maliciosos. La utilización y robo de imagen representa una secuela importante en la
configuración de un perfil. De acuerdo a lo planteado por el portal de noticias soychile.cl
(2017), un caso que ilustra este tipo de situaciones es el referido a la suplantación de identidad
en Tinder de Mariana Di Girolamo, actriz chilena, que denunció en julio del año corriente un
robo de imagen por parte de otra persona dentro de la aplicación Tinder, haciéndose pasar por
la mediática: la víctima terminó por aclarar que no tenía ninguna relación con la plataforma de
citas. Este tipo de delitos se repite constantemente y es llevado adelante por “hackers”, que
hacen uso de métodos para cumplir con su cometido, como lo es la obtención de información
personal, a través de la creación de correos falsos, haciendo pasar al atacante por una
organización o empresa para obtener acceso alguno a la obtención de información íntima; de
manera personal, en la que cualquier individuo malicioso podría obtener datos que vio o
escuchó de parte suya, garantizándole el acceso a algún dato o recurso valioso determinado.
El desarrollo de las tecnologías trajo aparejadas ventajas importantes en la simplificación de
la comunicación, pero también destaca la desventaja de llevar a cabo el robo de identidad,
convirtiéndose en la modalidad delictiva que más se acrecentó en los últimos años, dando
cuenta que, en el año 2014, se denunciaron 117 delitos de suplantación de identidad en España y alrededores, según lo expresado en un informe realizado por el sitio web
lavanguardia.com (2017).
Las tecnologías y las redes sociales llegaron para quedarse, para subsanar una
necesidad no tan urgente en las últimas décadas pero que sobrevino de repente en la vida
social y cultural de la humanidad, como lo es el advenimiento de una nueva forma de
comunicación universal en el manejo de las distintas plataformas digitales. La aparición de las
redes sociales, como mediadoras de comunicación detrás de una pantalla, dejaron de lado y
desvalorizaron el encuentro personal entre dos individuos. Lo digital adquirió su lugar en el
mundo, una dinámica y desarrollo que sobrepasaron las expectativas de la comunicación en el
siglo XX, pero que resulta una evidencia clara que la humanidad evoluciona a grandes saltos,
especialmente a partir de los 2000’.
La demarcación entre la esfera de lo público y de lo privado determinó ciertos
espacios en la conformación de las redes sociales, como un universo totalmente renovado y
distinto que el de la realidad misma. Las mismas plataformas digitales influyen en la
generación de una identidad fuera de lo normal, la creación de perfiles que no coinciden con
la realidad son frecuentes en los últimos años debido al consecuente desarrollo de las
tecnologías que lo sustentan: tales perfiles no dejan de lado el fenómeno delictivo de la
cibersuplantación del último lustro. Pero si la búsqueda del individuo es la de facilitar una comunicación determinada, debe de acudir a mostrarse tal cual es, sin menospreciar sus posibles defectos que considera en segundo plano, sino que las redes sociales ofrecen la oportunidad única de constituirnos como meros individuos, que podemos expresarnos en
todas nuestras facetas para, de tal manera, facilitar la comunicación entre unos y otros usuarios dentro del amplio mundo de las redes sociales actuales.
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