lunes, 4 de diciembre de 2017

ADICTOS A LA RED

Por Fernando Manchaca
 Íbamos caminado por la calle, cuando de repente nos increpan dos tipos. Le roban el celular a mi amigo. Entre la desesperación y los nervios, lo primero que hizo no fue avisar a la policía ni pedir ayuda. Lo primero que hizo fue pedir mi celular para entrar a Facebook.
  Es que esta red social se ha convertido en un mundo paralelo, donde vivimos otra realidad. Entonces a este amigo no le robaron el celular, le robaron su mundo, su realidad, construida a base de comentarios, posteo, estados, fotos, etiquetas, likes y demás. A si es. Nos tomamos muy en serio algo que es ficticio. Es decir “las redes sociales se han transformado en el lugar donde muchas veces se forja la (otra)identidad. Es que tanto los hombres como las mujeres somos dependientes: necesitamos amar y ser amados” (Berdichesky,2016:47,48).

¿QUE TAN NOCIVO ES?
  Una red social es como un reloj en víspera de año nuevo. Lo miramos cada diez minutos. Lamentablemente dependemos y le damos mucha importancia a algo efímero y superficial como lo es una cuenta de Facebook, un espacio donde nadie es genuino.
  Debo afirmar que cada vez estamos más pendientes y dependientes de las redes sociales porque estas son una vidriera social donde nos vendemos exhibiendo momentos seleccionados de nuestra vida para agradar a otros, ya que su mirada penetra en la raíz de nuestras emociones.
  Según una investigación realizada por dos universidades alemanas (Humboldt University y Darmstadt’s Technical University). Unas de cada tres personas se sienten mal y más insatisfechas con sus vidas tras revisar la red social. Esto tiene que ver con la envidia que despierta al ver en las publicaciones de los demás, la “vida” que no podemos tener (Lasso,2013). Provoca una sensación de soledad, porque a pesar de tener 2000 “amigos “en Facebook, no conocemos a nadie. O tal vez sí los conocemos, pero no a los verdaderos, sino a los personajes que crean, personajes que solo viven en ese mundo virtual.                                                                                   
  En este caso me parece interesante citar con sus dichos en una entrevista a Noam Chomsky, lingüista y filosofo estadounidense, a cerca de la tecnología e internet, “yo creo que probablemente sea un paso hacia atrás, porque esta separando a la gente, construyendo relaciones superficiales” (Molina, 2013). Palabras de un gran pensador contemporáneo que describen muy bien los vínculos de hoy.

LAS SECUELAS QUE NOS DEJA EL CONSUMO EXESIVO
  Por un momento pongámonos a pensar e imaginar. ¿Qué pasaría si se cayera, por un tiempo indeterminado, Facebook y WhatsApp?, ¿podríamos seguir con nuestras vidas normalmente?, ¿sería lo mismo? Seguramente nos costaría mucho readaptarnos, así como nos costó con el avance tecnológico, pero si se podría. Es más, las formas de relacionarnos serían más auténticas y más puras. Dije que nos costaría porque las redes se han impregnado muy fuerte en nuestra sociedad actual. Entonces por otra parte, es nuestro contexto que nos obliga a hacer uso de ellas. Esto se puede ver reflejado en los distintos ámbitos que fueron contaminados por una red social, como por ejemplo la educación y el trabajo.
  Además, WhatsApp y Facebook, sobre todo esta última, hicieron surgir nuevos problemas que ponen en riesgo nuestra intimidad y confidencialidad. Como el cyberbullyng, el uso de los medios telemáticos para ejercer acoso psicológico entre iguales. Phishing, una técnica de ingeniería social utilizada por los delincuentes para obtener información confidencial. Malware malicious software, es decir todo tipo de programa o código malicioso con el objetivo de dañar un sistema. Fake, se refiere a un archivo o servidor falso que no es lo que aparenta. Por nombrar algunas.  
  Entonces, como dice el eslogan de una campaña política muy bien conocida, sí se puede, cambiemos, en referencia a nuestro problema sobre la dependencia de las redes. Podemos argumentar éste cambio con las contrariedades que vengo presentando a cerca del uso de una red social.

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MARGINADOS POR LA MALA COMUNICACIÓN      
  Pero debo decir que no todo es pernicioso o dañino. Facebook también nos sirve para facilitar la interacción entre uno y otro. Nos es más cómodo hacerlo a través de esta red. Además, disuelve a los pretextos de la distancia y la falta de tiempo. También rompe con las barreras culturales (no solo de países sino de clases sociales). Aquel que tiene un familiar viviendo lejos o aquel que le cuesta interactuar por timidez, estarán agradecidos con estas formas de comunicarse. Sin embargo, de qué sirve todo esto sí a la hora de relacionarnos por este medio el mensaje se deforma. Es decir, podemos comunicarnos, pero no entendernos, las palabras no tienen el mismo sentido en un mensaje que cuando salen de nuestró ser. Porque comunicarnos abarca todo gesto silencio o movimiento. Sensaciones que no podemos sentir si no estamos cara a cara físicamente presentes a la hora de comunicarnos.
   “La costumbre de dialogar se ha retraído, y a su sombra creció la moda de escribirse, donde no faltan los malentendidos y los desencuentros producto de tergiversaciones de sentido y de expectativas” (Berdichesky,2016: 129,130). Un ejemplo de esto podría ser el sarcasmo. ¿Como podríamos detectar este recurso en un mensaje escrito?, solo lo podríamos descubrir presenciando a la otra persona viendo sus gestos y sus formas. La comunicación es muy rica por estos recursos, pero la tecnología la empobreció en este sentido.

RAZONANDO

  Mas allá de la tecnología o de Facebook, saliendo de este ámbito y yendo a uno más general, como el de la vida misma. No podemos depender tanto de algo para poder vivir. Es que, volviendo al uso de las redes, pareciera que construir una realidad en un mundo virtual paralelo se ha sumado al conjunto de necesidades básicas del ser humano. Me gustaría finalizar reflexionando con estas palabras. “Puede que, durante meses, lo disfrutemos. Pero a la larga, trastoca y nos hace perder habilidades sociales” (Berdichesky,2016:142). Es decir, nos convertiremos en seres inaccesibles socialmente.

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